Calle sin número Nº27

Nunca miro 
a nadie
a la cara
porque tengo miedo,
de ver Feliz.

Si tuvieras mis ojos
en las manos
verías lo que todo el mundo ve.

Si tuvieras mi corazón
en un puño
sentirías lo que todo el mundo siente.

Si tuvieras mis ojos
Si tuvieras mi corazón
Serías igual a todo el mundo.
Pero te asustarías.

Si tuvieras mis ojos
Si tuvieras mi corazón
estaría muerto. Como todo el mundo,
deja un grito en mi tumba.

Calle sin número Nº36

La vida va a mejor desde que sé
que gente que un día estuvo viva
este día está muerta.

Recuerden que roto se escribe fácil
y se pronuncia dulce.

Muerta y rota.
Dulce y feliz.
La felicidad vive en un vaso 
lleno de lágrimas.

Recuerden de nuevo,
lágrimas rotas,
dulces.
Resuena esa melodía:
"Yo soy la lluvia".

Nunca canto y nunca olvido,
hay gente que está mejor muerta.

Muerte se escribe roto,
y se pronuncia feliz.


			

Calle sin número NºB

¿Por qué yo?
¿Por qué tú?
¿Por qué él?

Porque somos cobardes.
Nos falta un idioma con suficientes palabras
para explicarte lo que siento.
Soy consciente de que hay gente 
que sabe hablar con actos,
quizá fue eso lo que te cautivó.
En cambio yo,
yo me crié con libros.

Los libros me enseñaron a reír,
a llorar, a sentir, a querer,
a quererte más a ti que a mí.
Los libros me enseñaron a hablar,
pero la vida a veces nos odia.
Mi vida me odia. Los libros,
los libros no me enseñaron a actuar.
Sigo leyendo. No entiendo nada.

Un libro me hizo libre
y entonces te conocí.
Sigue valiente.
Sigue libro.


Calle sin número Nº53

¿Quién me iba a decir que todas las cosas
compartían asiento con aquél taburete?
Te juro que creí ver mi futuro perfecto
en los posos de aquella copa. Sin café.
El futuro era en blanco y negro.

Cuando salí de ese sitio, buscando el vaho de tu boca
era la hora perdida en que los relojes dejan de existir.
Ni siquiera las farmacias daban la hora. 
Pudiera ser que estuviera en pleno invierno,
que en aquel momento la cruz marcara bajo cero.
Te juro por todo lo que sé que no me importaba.
Sé que no miento porque mi voz no ha fallado.
El día que no te diga toda la verdad
me convertiré en vidrio. Vidrio que se rompe
ante el cambio de temperatura que supone tu cuerpo.

Solo cuando sea capaz de no morir cuando te vea,
solo cuando no me funda cuando sonrías,
solo cuando por fin no me duerma cuando hables,
solo cuando tu voz no me recuerde a aquella canción,
solo entonces, silencio.


Calle sin número N° 30

Al fin y al cabo
la culpa es mía.

El tornado que levanta ampollas,
el terremoto que sigue al silencio,
el incendio que purifica todo el daño,
es culpa mía.

¿De quién va a ser la culpa?
Solo mía. Y me lo merezco.

Fue idea mía seguir enamorándome,
una y otra vez. La culpa de todo,
la razón por la que estoy solo.

El último humano enamorado.
Las calles solitarias de la capital.
Las plantas comiéndose la metrópolis.
La vida volviendo a su estado original.
El último reducto de resistencia inútil.
El último humano vivo del planeta.

Todos los sabemos,
la culpa de la gran explosión,

Mía.

Calle sin número Nº14

Aún hoy, a día 32,
seguía sin entender
por qué no todo el mundo se enamoraba de ti;
por qué la gente no se paraba a darte las gracias
por tu sonrisa;
por qué no tenías un séquito de escribanos
que grabará en tinta cada una de tus palabras;
por qué no había investigaciones buscando la forma
de aplicar tu voz a los perfumes, de conseguir la sinestesia;
por qué el mundo no quitaba las nubes cuando salías de casa;
por qué el tiempo no mataba los lunes que tanto odiabas.

Aún hoy, a día 32,
aún y todo lo que yo no entendía,
tú solo pensabas, con la equivocación del que sufre,
con el sufrimiento del que no entiende,
que nadie te quería.