Calle sin número Nº 10

Tenía la independencia
que solo una suicida
cruzando un puente
podía tener.

Cada mañana abría
su armario y escogía.
Aquel día cogió unas
deportivas de soberbia,
unos ceñidos vaqueros
llenos de optimismo,
una sudadera colorida 
de radiante sonrisa.

Podía escribir su vida entera
en ciento cuarenta caracteres.
Con metáforas. Metáforas
de lluvia. Ácida.

Caminaba siempre pensando,
bien alto por si, al igual que ella,
encontraba a un telépata. Uno que

podía escribir su vida entera,
en ciento cuarenta volúmenes.
Con descripciones. Descripciones
de lluvia. Cálida.

Cada mañana cogía
la misma ropa de siempre.
Siempre eran unas
zapatillas de levedad,
unos holgados vaqueros
llenos de melancolía,
una chaqueta negra
de tristes ojos aburridos.

Y sin embargo, 
era solo un suicida
cruzando un puente
y mirando abajo.


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Calle sin número Nº9

La suavidad de mi almohada corre,
Corre maratones,
Corre en bici,
Tiene una piscina y se hace unos largos.

La suavidad de mi almohada es olímpica,
Bate récords y gana carreras.
Todas menos una.

La suavidad de tu piel está invicta.

Calle sin número Nº2

Saliste a un rellano sin puertas.
Llegaste a una estación sin trenes.
Subiste a un ascensor sin botones.

Aquel crucigrama sin palabras.
Aquel laberinto sin salida.
Aquel sudoku con ocho números.
Aquella adivinanza sorda.
Aquel problema sin solución.

Aquella división entre cero.

Y es que nada,
repito: Nadie,
Te ha resultado tan complicado como yo.

Y nadie lo hará.
Y a nadie le importa.